Una de las campañas de interés social más inanes de los últimos tiempos en Colombia ha sido la de "inteligencia vial". Quienes concibieron y aprobaron esa iniciativa creyeron que el vocero elegido, Pirry, de cuyas habilidades como conductor todavía no tenemos noticia, iba a tener gran acogida y lograría pasar el mensaje efectivamente.
No sabemos si es por la ausencia de un mensaje claro, o por el vocero elegido, pero hasta ahora la campaña no había hecho nada más que repartir unos cartones con un dibujo que sugiere a la gente que use la cabeza.
Pero en estos días, caminando, nos topamos con un mensaje, o una nueva línea de comunicación dentro de la campaña, que por fin resulta propositiva y menos etérea que la invitación a usar una inteligencia vial de la que, es evidente, carecemos todos. Porque el problema no es de "inteligencia vial", sino de "solidaridad social", pero eso es harina de otro costal, y si hablamos de solidaridad en nuestro medio, inmediatamente pensaremos en limosnas y campañas como las de recolección de fondos que se están institucionalizando en esta época, y no en pensar en los demás y actuar en consecuencia...
Los afiches en los paraderos que muy pocos pasajeros del transporte público utilizan, invitan, precisamente, a utilizar los paraderos para tomar el bus. Ese es el tipo de mensajes que vale la pena reforzar, no solamente en el ámbito del discurso, sino en lo que ahora está tan de moda como las "activaciones". En lugar de poner a los equipos "BTL" a repartir cartones que irán a parar al basurero, o a hacer preguntas tontas, ellos, con la colaboración de los bachilleres, pueden hacer jornadas de "pastoreo" de personas que esperan el bus a lo largo de la cuadra, y llevarlas al paradero donde deben esperar el vehículo de transporte.
El centro comercial Andino de Bogotá, que durante todo el año genera un taco impresionante en la carrera Once, en diciembre ha optado por ubicar vallas que obligan a los peatones que quieren subirse a un bus o taxi a caminar hasta la mitad de la cuadra. Ese es un pastoreo bienvenido, y la campaña de "inteligencia vial" debería hacer todo lo posible por inculcar en la mente de las personas que hay que utilizar los paraderos, sin necesidad de tener que erigir barreras como las del centro comercial.
Esperemos que por fin despegue la campaña de inteligencia vial en la que varios miles de millones ya se habrán invertido. Y esperemos, también, que empecemos a usar la cabeza, no tanto para mostrar nuestra inteligencia vial, sino para pensar en los demás, que es lo que realmente hace falta para que moverse por la ciudad no sea tan caótico y peligroso.
martes, 20 de diciembre de 2011
lunes, 31 de octubre de 2011
Lo sabíamos, la historia de Bogotá seguirá escribiéndose con la izquierda
Siendo diestro, preocupa pensar que la historia de una ciudad capital se escriba con la izquierda. Pero Bogotá ha vuelto a escoger, por tercera vez consecutiva, un alcalde de ideas, amigos, pasado y futuro de izquierda.
Ya vimos cómo la primera administración del Polo abandonó a su suerte la infraestructura de la ciudad, para darle prelación a lo que se conoce como "lo social", que en nuestro sistema consiste en repartir la burocracia entre los amigos que tradicionalmente no han tenido mucho acceso a los jugosos salarios públicos, y a regalar desayunos a través de restaurantes y contratos asignados a más amigos que tienen el "derecho histórico" de enriquecerse como lo han venido haciendo desde tiempos inmemoriales las clases dirigentes de la ciudad y del país.
La segunda administración del Polo destruyó lo poco que funcionaba bien en Bogotá, y continuó con las políticas asistencialistas que tantos votos populares producen en un Estado limosnero como el nuestro. En medio de la crisis que generó el robo descarado de los recursos públicos administrados por Samuel Moreno, un diestro zurdo o zurdo diestro, sagaz como pocos, supo desmarcarse de su colectividad en buen momento, y logró capitalizar muchos de los votos que bajo las banderas del Polo consiguió en las pasadas elecciones presidenciales y los trasladó a su triunfo local, con su movimiento de "progresistas" (¡!).
Su programa de gobierno para Bogotá le da prioridad a la educación preescolar. Allá irán a parar muchos de los recursos de la ciudad, en manos de madres comunitarias y de nuevos negocios populares de educación preescolar manejados, quizás, por los mismos muchachos de la Pedagógica y otros profesionales que ya deben estar preparando sus credenciales para presentar en las licitaciones y contrataciones que empezará a repartir el hoy electo alcalde desde su despacho.
Y la otra prioridad... aparte de sus ambiciones presidenciales, no se ve otra prioridad clara en el programa de gobierno del nuevo burgomaestre. En su discurso triunfal así nos lo hizo saber. Va a ejercer una presidencia alterna, y se va a meter en todos los asuntos del gobierno nacional, porque ahí es donde ha querido estar, de cualquier forma, desde sus épocas de militante en el M-19. Bogotá, para él, es un simple escalón. No obstante, lo vamos a ver haciendo de ese escalón su solio temporal, mientras proyecta su movimiento al ámbito nacional y deja en manos de sus subalternos el manejo del día a día de la Capital.
Temas relevantes de infraestructura y calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad son ahora cuestiones secundarias. El progresista dejó claro que no es necesario construir una avenida longitudinal por el occidente que desembotelle de alguna forma el caótico tráfico bogotano, y en los terrenos ya adquiridos para esa obra piensa hacer parques longitudinales, que muy probablemente se convertirán en terrenos propicios para invasiones populares, que será una solución al problema de vivienda.
No tiene propuestas claras para la movilidad, diferentes a la de darles prelación a los buses en los semáforos (¡!), como si no la tuvieran ya.
A partir del primero de enero de 2012 vamos a tener en las Galerías Arrubla a un personaje que va a hacer historia en Colombia, y la va a escribir con su mano izquierda. Esperemos, por lo menos, que sea zurdo, y le quede bien escrita.
Ya vimos cómo la primera administración del Polo abandonó a su suerte la infraestructura de la ciudad, para darle prelación a lo que se conoce como "lo social", que en nuestro sistema consiste en repartir la burocracia entre los amigos que tradicionalmente no han tenido mucho acceso a los jugosos salarios públicos, y a regalar desayunos a través de restaurantes y contratos asignados a más amigos que tienen el "derecho histórico" de enriquecerse como lo han venido haciendo desde tiempos inmemoriales las clases dirigentes de la ciudad y del país.
La segunda administración del Polo destruyó lo poco que funcionaba bien en Bogotá, y continuó con las políticas asistencialistas que tantos votos populares producen en un Estado limosnero como el nuestro. En medio de la crisis que generó el robo descarado de los recursos públicos administrados por Samuel Moreno, un diestro zurdo o zurdo diestro, sagaz como pocos, supo desmarcarse de su colectividad en buen momento, y logró capitalizar muchos de los votos que bajo las banderas del Polo consiguió en las pasadas elecciones presidenciales y los trasladó a su triunfo local, con su movimiento de "progresistas" (¡!).
Su programa de gobierno para Bogotá le da prioridad a la educación preescolar. Allá irán a parar muchos de los recursos de la ciudad, en manos de madres comunitarias y de nuevos negocios populares de educación preescolar manejados, quizás, por los mismos muchachos de la Pedagógica y otros profesionales que ya deben estar preparando sus credenciales para presentar en las licitaciones y contrataciones que empezará a repartir el hoy electo alcalde desde su despacho.
Y la otra prioridad... aparte de sus ambiciones presidenciales, no se ve otra prioridad clara en el programa de gobierno del nuevo burgomaestre. En su discurso triunfal así nos lo hizo saber. Va a ejercer una presidencia alterna, y se va a meter en todos los asuntos del gobierno nacional, porque ahí es donde ha querido estar, de cualquier forma, desde sus épocas de militante en el M-19. Bogotá, para él, es un simple escalón. No obstante, lo vamos a ver haciendo de ese escalón su solio temporal, mientras proyecta su movimiento al ámbito nacional y deja en manos de sus subalternos el manejo del día a día de la Capital.
Temas relevantes de infraestructura y calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad son ahora cuestiones secundarias. El progresista dejó claro que no es necesario construir una avenida longitudinal por el occidente que desembotelle de alguna forma el caótico tráfico bogotano, y en los terrenos ya adquiridos para esa obra piensa hacer parques longitudinales, que muy probablemente se convertirán en terrenos propicios para invasiones populares, que será una solución al problema de vivienda.
No tiene propuestas claras para la movilidad, diferentes a la de darles prelación a los buses en los semáforos (¡!), como si no la tuvieran ya.
A partir del primero de enero de 2012 vamos a tener en las Galerías Arrubla a un personaje que va a hacer historia en Colombia, y la va a escribir con su mano izquierda. Esperemos, por lo menos, que sea zurdo, y le quede bien escrita.
lunes, 17 de octubre de 2011
Elecciones, encuestas, promesas y propuestas
A un par de semanas de las elecciones, las encuestas parecen indicar que la ciudadanía tiene preferencias claras, aunque los candidatos van modificando sus promesas según cómo les esté yendo en las estadísticas de intención de voto.
Así como sucedió en la campaña presidencial del año pasado, las propuestas de los candidatos más opcionados a la Alcaldía de Bogotá son cada vez más parecidas, porque la estrategia electoral moderna indica que hay que apropiarse de aquellas promesas que los electores encuentran más atractivas para repuntar en las encuestas.
Esa "homogenización programática" (aunque debería ser "neutralización promesera") hace que los aspectos de imagen de los candidatos cobren mayor importancia, también como lo pudimos comprobar en las pasadas elecciones presidenciales, en las que vimos cómo quien finalmente ganó se burló, al mejor estilo del "bully" colegial, de su aminorado contrincante, y logró dejar su imagen por el piso y, de paso, obtener una abrumadora mayoría en la segunda vuelta.
Así, la imagen de un reinsertado o exmovilizado que se mueve como pez en el agua en la coalición de la "unidad nacional" y que mira de reojo a sus inferiores, que para él somos todos, atrae a un importante número de ciudadanos de clase media y media baja, que de alguna forma ven en él la oportunidad de sacarse el clavo y poner a "uno de los suyos" finalmente en un cargo de elección popular (sería el segundo en realidad). Su discurso "social" enmascara un profundo deseo por "reivindicar" a las clases oprimidas, y para nadie es un secreto que su ambición va bastante más allá de la Alcaldía.
Y está entonces la simbiosis forzada de la única mujer con un gran amigo del anterior, que más parece una maquiavélica fusión que a la larga beneficiará al anterior en contrapeso del "mejor calificado" que no se resistió al apoyo de quien, para un cierto sector de la sociedad, encarna lo peor que le ha podido suceder al país. Su jugada maestra fue la de cambiar algunos voticos de opinión por muchísimos votos de pasión, y hasta el momento le ha dado resultado, aunque ya empieza a mostrar un cierto desgaste.
Hoy por hoy no hay un claro ganador, aunque sí están clarísimos quiénes serán los perdedores. El 30 vamos a ver cómo Bogotá vuelve a elegir a uno de los mismos que en las dos últimas administraciones han llevado a la ciudad a donde está: una Bogotá más humana, es decir, una Bogotá más equivocada.
Así como sucedió en la campaña presidencial del año pasado, las propuestas de los candidatos más opcionados a la Alcaldía de Bogotá son cada vez más parecidas, porque la estrategia electoral moderna indica que hay que apropiarse de aquellas promesas que los electores encuentran más atractivas para repuntar en las encuestas.
Esa "homogenización programática" (aunque debería ser "neutralización promesera") hace que los aspectos de imagen de los candidatos cobren mayor importancia, también como lo pudimos comprobar en las pasadas elecciones presidenciales, en las que vimos cómo quien finalmente ganó se burló, al mejor estilo del "bully" colegial, de su aminorado contrincante, y logró dejar su imagen por el piso y, de paso, obtener una abrumadora mayoría en la segunda vuelta.
Así, la imagen de un reinsertado o exmovilizado que se mueve como pez en el agua en la coalición de la "unidad nacional" y que mira de reojo a sus inferiores, que para él somos todos, atrae a un importante número de ciudadanos de clase media y media baja, que de alguna forma ven en él la oportunidad de sacarse el clavo y poner a "uno de los suyos" finalmente en un cargo de elección popular (sería el segundo en realidad). Su discurso "social" enmascara un profundo deseo por "reivindicar" a las clases oprimidas, y para nadie es un secreto que su ambición va bastante más allá de la Alcaldía.
Y está entonces la simbiosis forzada de la única mujer con un gran amigo del anterior, que más parece una maquiavélica fusión que a la larga beneficiará al anterior en contrapeso del "mejor calificado" que no se resistió al apoyo de quien, para un cierto sector de la sociedad, encarna lo peor que le ha podido suceder al país. Su jugada maestra fue la de cambiar algunos voticos de opinión por muchísimos votos de pasión, y hasta el momento le ha dado resultado, aunque ya empieza a mostrar un cierto desgaste.
Hoy por hoy no hay un claro ganador, aunque sí están clarísimos quiénes serán los perdedores. El 30 vamos a ver cómo Bogotá vuelve a elegir a uno de los mismos que en las dos últimas administraciones han llevado a la ciudad a donde está: una Bogotá más humana, es decir, una Bogotá más equivocada.
sábado, 19 de marzo de 2011
Barrer pa fuera
Eso es. Barrer hacia afuera, para dejar limpio lo nuestro, y ensuciar lo de los demás. Así, lo nuestro quedará aún más limpio, porque nuestra suciedad añadida a la de los otros ayudará a que el contraste entre lo nuestro, recién barrido, se vea impecable con lo de los demás, que acaba de recibir nuestro aporte de suciedad.
Lo vemos a diario. La profesora de colegio internacional para estudiantes privilegiadísimos de los estratos más altos de la ciudad, que muy pulcra y ejemplarizante abre la ventanilla del autobús escolar y bota unos cuantos papelillos que ensucian el impecable entorno en el que sus estudiantes aprenden civismo e higiene. El bus y el puesto de la profesora quedan impecables, y la ciudad recibe el aporte de suciedad estrato alto que es necesario para que los padres de familia de ese colegio puedan comparar con orgullo la limpieza de su establecimiento con la suciedad general de la ciudad en la que está.
También está el restaurante que no solamente construye en las zonas de reserva urbana, sino que además remodela divinamente sus instalaciones, dejando en ruinas los andenes y la misma calle de enfrente por las volquetas y el tráfico pesado generado por las obras que harán ver su establecimiento en perfectas condiciones, que contrastan más aún con la destrucción urbana promovida por las obras de mejoramiento interno de su local.
Y ni qué decir de los mismos restaurantes que, habiendo invadido el espacio público con sus terrazas furtivas y sus cerramientos provisionales y sus toldos y metros cuadrados rapados a la ciudad, sacan las basuras justo en frente de la puerta de acceso de sus locales, botan la grasa a la alcantarilla de enfrente o sobre el mismo andén si la alcantarilla está a más de unos pasos de distancia, y aportan a la ciudad con la fealdad, la grasa, el hedor y la tristeza de unos andenes dignos de cualquier barrio de talleres callejeros, para que esa misma fealdad contraste con la belleza interior de sus negocios y las delicias puras y limpias que ofrecen a sus comensales.
Barrer hacia afuera. Deporte nacional del colombiano, cuyo concepto de sociedad es 'primero voy yo, que después sigo yo, y los demás se jodan'.
Hasta en la forma de manejar se ve cómo ese 'barrer pa fuera' está embebido en lo más profundo de nuestra idiosincrasia. El taxista que siempre anda a cinco cuando se puede andar a una velocidad razonable, porque está esperando a que lo pare algún pasajero, o el mismo taxista que cuando un peatón cruza la calle y el semáforo se pone en amarillo, arranca rápido y desafiante haciendo respetar el espacio suyo y de su taxi, al tiempo que pone a correr al indefenso peatón.
Una sociedad que se embellece adentro ensuciando afuera, no es una sociedad. Es una suciedad.
O la universitaria de la provincia que vive en un apartamento que sus papás le pagan en la capital, que se asoma por la ventana con el tapete sucio y lo sacude en la terraza del vecino de abajo, ¡estando el vecino de abajo en la terraza!, y se molesta porque el otro le hace ver lo que está haciendo. O, en el mismo edificio y en la misma terraza, las innumerables colillas y fósforos y empaques de papas fritas, y condones que el vecino de la terraza tiene que barrer a diario, mientras los de las ventanas de arriba reciben sus visitantes y sacan pecho cuando les alaban el orden y la limpieza de sus respectivos apartamentos.
Barriendo hacia afuera. Así construimos la idea de sociedad en este país. Así nos hundimos en nuestra propia miseria, mientras juramos que el nuestro es el mejor vividero del mundo. Claro, porque toda la suciedad la hemos barrido hacia afuera.
Lo vemos a diario. La profesora de colegio internacional para estudiantes privilegiadísimos de los estratos más altos de la ciudad, que muy pulcra y ejemplarizante abre la ventanilla del autobús escolar y bota unos cuantos papelillos que ensucian el impecable entorno en el que sus estudiantes aprenden civismo e higiene. El bus y el puesto de la profesora quedan impecables, y la ciudad recibe el aporte de suciedad estrato alto que es necesario para que los padres de familia de ese colegio puedan comparar con orgullo la limpieza de su establecimiento con la suciedad general de la ciudad en la que está.
También está el restaurante que no solamente construye en las zonas de reserva urbana, sino que además remodela divinamente sus instalaciones, dejando en ruinas los andenes y la misma calle de enfrente por las volquetas y el tráfico pesado generado por las obras que harán ver su establecimiento en perfectas condiciones, que contrastan más aún con la destrucción urbana promovida por las obras de mejoramiento interno de su local.
Y ni qué decir de los mismos restaurantes que, habiendo invadido el espacio público con sus terrazas furtivas y sus cerramientos provisionales y sus toldos y metros cuadrados rapados a la ciudad, sacan las basuras justo en frente de la puerta de acceso de sus locales, botan la grasa a la alcantarilla de enfrente o sobre el mismo andén si la alcantarilla está a más de unos pasos de distancia, y aportan a la ciudad con la fealdad, la grasa, el hedor y la tristeza de unos andenes dignos de cualquier barrio de talleres callejeros, para que esa misma fealdad contraste con la belleza interior de sus negocios y las delicias puras y limpias que ofrecen a sus comensales.
Barrer hacia afuera. Deporte nacional del colombiano, cuyo concepto de sociedad es 'primero voy yo, que después sigo yo, y los demás se jodan'.
Hasta en la forma de manejar se ve cómo ese 'barrer pa fuera' está embebido en lo más profundo de nuestra idiosincrasia. El taxista que siempre anda a cinco cuando se puede andar a una velocidad razonable, porque está esperando a que lo pare algún pasajero, o el mismo taxista que cuando un peatón cruza la calle y el semáforo se pone en amarillo, arranca rápido y desafiante haciendo respetar el espacio suyo y de su taxi, al tiempo que pone a correr al indefenso peatón.
Una sociedad que se embellece adentro ensuciando afuera, no es una sociedad. Es una suciedad.
O la universitaria de la provincia que vive en un apartamento que sus papás le pagan en la capital, que se asoma por la ventana con el tapete sucio y lo sacude en la terraza del vecino de abajo, ¡estando el vecino de abajo en la terraza!, y se molesta porque el otro le hace ver lo que está haciendo. O, en el mismo edificio y en la misma terraza, las innumerables colillas y fósforos y empaques de papas fritas, y condones que el vecino de la terraza tiene que barrer a diario, mientras los de las ventanas de arriba reciben sus visitantes y sacan pecho cuando les alaban el orden y la limpieza de sus respectivos apartamentos.
Barriendo hacia afuera. Así construimos la idea de sociedad en este país. Así nos hundimos en nuestra propia miseria, mientras juramos que el nuestro es el mejor vividero del mundo. Claro, porque toda la suciedad la hemos barrido hacia afuera.
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