lunes, 31 de octubre de 2011

Lo sabíamos, la historia de Bogotá seguirá escribiéndose con la izquierda

Siendo diestro, preocupa pensar que la historia de una ciudad capital se escriba con la izquierda. Pero Bogotá ha vuelto a escoger, por tercera vez consecutiva, un alcalde de ideas, amigos, pasado y futuro de izquierda.

Ya vimos cómo la primera administración del Polo abandonó a su suerte la infraestructura de la ciudad, para darle prelación a lo que se conoce como "lo social", que en nuestro sistema consiste en repartir la burocracia entre los amigos que tradicionalmente no han tenido mucho acceso a los jugosos salarios públicos, y a regalar desayunos a través de restaurantes y contratos asignados a más amigos que tienen el "derecho histórico" de enriquecerse como lo han venido haciendo desde tiempos inmemoriales las clases dirigentes de la ciudad y del país.

La segunda administración del Polo destruyó lo poco que funcionaba bien en Bogotá, y continuó con las políticas asistencialistas que tantos votos populares producen en un Estado limosnero como el nuestro. En medio de la crisis que generó el robo descarado de los recursos públicos administrados por Samuel Moreno, un diestro zurdo o zurdo diestro, sagaz como pocos, supo desmarcarse de su colectividad en buen momento, y logró capitalizar muchos de los votos que bajo las banderas del Polo consiguió en las pasadas elecciones presidenciales y los trasladó a su triunfo local, con su movimiento de "progresistas" (¡!).

Su programa de gobierno para Bogotá le da prioridad a la educación preescolar. Allá irán a parar muchos de los recursos de la ciudad, en manos de madres comunitarias y de nuevos negocios populares de educación preescolar manejados, quizás, por los mismos muchachos de la Pedagógica y otros profesionales que ya deben estar preparando sus credenciales para presentar en las licitaciones y contrataciones que empezará a repartir el hoy electo alcalde desde su despacho.

Y la otra prioridad... aparte de sus ambiciones presidenciales, no se ve otra prioridad clara en el programa de gobierno del nuevo burgomaestre. En su discurso triunfal así nos lo hizo saber. Va a ejercer una presidencia alterna, y se va a meter en todos los asuntos del gobierno nacional, porque ahí es donde ha querido estar, de cualquier forma, desde sus épocas de militante en el M-19. Bogotá, para él, es un simple escalón. No obstante, lo vamos a ver haciendo de ese escalón su solio temporal, mientras proyecta su movimiento al ámbito nacional y deja en manos de sus subalternos el manejo del día a día de la Capital.

Temas relevantes de infraestructura y calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad son ahora cuestiones secundarias. El progresista dejó claro que no es necesario construir una avenida longitudinal por el occidente que desembotelle de alguna forma el caótico tráfico bogotano, y en los terrenos ya adquiridos para esa obra piensa hacer parques longitudinales, que muy probablemente se convertirán en terrenos propicios para invasiones populares, que será una solución al problema de vivienda.

No tiene propuestas claras para la movilidad, diferentes a la de darles prelación a los buses en los semáforos (¡!), como si no la tuvieran ya.

A partir del primero de enero de 2012 vamos a tener en las Galerías Arrubla a un personaje que va a hacer historia en Colombia, y la va a escribir con su mano izquierda. Esperemos, por lo menos, que sea zurdo, y le quede bien escrita.

lunes, 17 de octubre de 2011

Elecciones, encuestas, promesas y propuestas

A un par de semanas de las elecciones, las encuestas parecen indicar que la ciudadanía tiene preferencias claras, aunque los candidatos van modificando sus promesas según cómo les esté yendo en las estadísticas de intención de voto.

Así como sucedió en la campaña presidencial del año pasado, las propuestas de los candidatos más opcionados a la Alcaldía de Bogotá son cada vez más parecidas, porque la estrategia electoral moderna indica que hay que apropiarse de aquellas promesas que los electores encuentran más atractivas para repuntar en las encuestas.

Esa "homogenización programática" (aunque debería ser "neutralización promesera") hace que los aspectos de imagen de los candidatos cobren mayor importancia, también como lo pudimos comprobar en las pasadas elecciones presidenciales, en las que vimos cómo quien finalmente ganó se burló, al mejor estilo del "bully" colegial, de su aminorado contrincante, y logró dejar su imagen por el piso y, de paso, obtener una abrumadora mayoría en la segunda vuelta.

Así, la imagen de un reinsertado o exmovilizado que se mueve como pez en el agua en la coalición de la "unidad nacional" y que mira de reojo a sus inferiores, que para él somos todos, atrae a un importante número de ciudadanos de clase media y media baja, que de alguna forma ven en él la oportunidad de sacarse el clavo y poner a "uno de los suyos" finalmente en un cargo de elección popular (sería el segundo en realidad). Su discurso "social" enmascara un profundo deseo por "reivindicar" a las clases oprimidas, y para nadie es un secreto que su ambición va bastante más allá de la Alcaldía.

Y está entonces la simbiosis forzada de la única mujer con un gran amigo del anterior, que más parece una maquiavélica fusión que a la larga beneficiará al anterior en contrapeso del "mejor calificado" que no se resistió al apoyo de quien, para un cierto sector de la sociedad, encarna lo peor que le ha podido suceder al país. Su jugada maestra fue la de cambiar algunos voticos de opinión por muchísimos votos de pasión, y hasta el momento le ha dado resultado, aunque ya empieza a mostrar un cierto desgaste.

Hoy por hoy no hay un claro ganador, aunque sí están clarísimos quiénes serán los perdedores. El 30 vamos a ver cómo Bogotá vuelve a elegir a uno de los mismos que en las dos últimas administraciones han llevado a la ciudad a donde está: una Bogotá más humana, es decir, una Bogotá más equivocada.