jueves, 7 de octubre de 2010

"Terceros Idóneos": tan despreciables como los "Ajustados a la Ley"

Así son las cosas. Como cuando en el colegio los matones de quinto y sexto de bachillerato se cebaban contra el resto del alumnado, y hacían gala de su poder y su autoritarismo en los eventos escolares, encargándose de la entrada a los recintos y haciendo sufrir a quienes ellos consideraban indignos de su conmiseración, y dejando pasar sin hacer fila a aquellos que sí merecían su bendición, siempre los más vagos, los más inquietos, y los más matones de sus respectivos cursos.

Ahora, después de ocho años de un esfuerzo sin precedentes en Colombia por refundar la patria de acuerdo con los dictámenes de una doctrina aún no del todo clara para la mayoría de quienes exaltan las nuevas alturas a las que hemos llegado, surgen las figuras de los terceros idóneos y los ajustados a la ley, personajes que dominan el panorama emprendedor, y controlan cada vez más los principales negocios públicos y privados del país, incluyendo, por supuesto, las grandes licitaciones y las iniciativas más oportunas en el aprovechamiento de leyes frescas y decretos aún con la tinta húmeda de sus firmas.

Ellos lo hacen todo bajo el amparo de las leyes, y acuden armados de folios y folios de jerga legal entreverada de artículos selváticos y primates a las más altas instancias del control político para defender con vehemencia insólita la rectitud y el correcto actuar de sus asociados, representados, defendidos o, simplemente, patrones.

Los terceros idóneos prestan sin rubor alguno su reputación profesional, su trayectoria libre de mácula o de visibilidad en los vericuetos de la contratación pública y privada, para sacar adelante proyectos que los ajustados a la ley han concebido antes o al mismo tiempo que se escriben y se promulgan las leyes que ampararán con el manto de la legalidad sus millonarios emprendimientos.

Así, con el concurso de los terceros idóneos, los ajustados a la ley se hacen ricos de la noche a la mañana, pasan de andar en bus, de pagar arriendo, de no tener para más allá que lo básico, a estar a la cabeza de "holdings" empresariales que mueven miles de miles de millones de millones, y sus patrimonios repentinos los transportan de la vida precaria y limitada, al suntuoso y exclusivo club de los que aparecen en las portadas de las revistas, de los que conceden reportajes sobre el éxito, la ética, la moral y el desarrollo.

Así es la vida. Como en el colegio. Entran los que son, y los demás, que hagan fila para pagar sus impuestos.

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