Eso de andar en flota en Colombia, o en servicio de transporte intermunicipal de pasajeros por carretera para aquellos que no tienen idea de qué es una "flota", ha cambiado mucho, muchísimo en los últimos años.
Antes, lo máximo en guarachas era subirse a un "pullman climatizado" con asientos reclinables, televisor a bordo y hasta azafata. Hoy esos buses grandotes como que están en vías de extinción, no solamente por las gracias de la guerrilla que los quemaba a diario (afortunadamente la mayoría de las veces sin pasajeros adentro), sino también por la presión del mercado de "taxificar" todo lo que tenga que ver con el transporte de pasajeros.
Ahora predominan las "van", o microbuses tipo "Kia" (como los anuncian orgullosamente) para 15 ó 30 pasajeros máximo, que les permiten a los de las compañías transportadoras un mayor volumen de despachos al día, con una mayor rotación y quizás un mayor flujo de caja y, finalmente, algunas utilidades de más.
Tomé un aparato de estos desde Cali a Popayán, pagando $12.000 por el pasaje, en un trayecto que anunciaban "directo". Sin embargo, no fue sino salir de la terminal de transportes, para que el conductor y su ayudante (que eventualmente resultó ser un médico alternativo que ya llegando a nuestro destino se despachó en su discurso de venta de 10 minutos), se dedicaran a recoger pasajeros en la ruta, y a negociar con ellos el valor del pasaje hasta ocupar los puestos "vacíos", que eran varios en los que estaban los niños de una familia de cinco que había pagado en la terminal dos puestos y, después de haberse completado el cupo con los pasajeros recogidos en la carretera, terminaron los cinco hacinados en los dos puestos por los que pagaron.
Bastante folclórica la experiencia y muy educativa. En especial en el sentido de refrescar un poco las nociones del emprendimiento ajustado a la ley que tanto nos enseñaron en los últimos ocho años con el ejemplo de los "muachos y su apá". Los negocios, el emprendimiento, la iniciativa privada tiene sus bases en hacer las cosas como nos convengan a nosotros, sin tener en cuenta los derechos de aquellos que funcionan de acuerdo con las normas y leyes establecidas, quienes por lo general resultan siendo los "bobos" del paseo por no ser vivos y actuar "ajustados a las leyes", es decir, buscándole la comba al palo para hacerle el quite a cualquier responsabilidad fiscal, política o social.
Quien compra el boleto en la taquilla oficial de la empresa es quien debe esperar más tiempo, sale en el último carro, el que se demora más en completar su cupo, porque los informales van entrando por los lados, llenando carro que evaden tanto las tarifas oficiales como los impuestos correspondientes, y el "producido" se lo reparten entre conductor, ayudante y "calanchines" de la terminal que pescan los pasajeros a medida que van llegando.
Y otra cosa es el viaje y el tipo de personajes con los cuales acaba uno conversando, lo que dará para otra nota.
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